No hace falta ser un experto en mercados financieros para maravillarse de cómo las valoraciones de las acciones siguen aumentando en medio de un grave shock de oferta asociado con el cierre del Estrecho de Ormuz.
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Con el índice S&P 500 en máximos históricos o cerca de ellos, recurrimos a un examen del puntaje Z compuesto del índice y su volatilidad a 30 días para comprender si la valoración está justificada.

Y excluyendo los riesgos asociados a la guerra, la respuesta es sí.
Comprender por qué es simple y directo: las empresas de toda la economía están generando flujos de efectivo que no pueden igualarse en ningún otro lugar, lo que resulta en mayores retornos.
Si la guerra continúa, cabe esperar nuevos aumentos de los precios del petróleo y una reducción de la oferta de productos refinados, lo que afectará a la economía real y, por tanto, a las valoraciones de las acciones.
La geopolítica siempre ha sido el talón de Aquiles de los mercados financieros, que no hacen un trabajo respetable al fijar precios en las decisiones estratégicas impulsadas políticamente.
Uno se da cuenta de que tanto el crecimiento de los precios de las materias primas como la valoración de las acciones pueden no ser correctos en el escenario actual.
