Stellantis: el CEO advierte que en Europa «se está volviendo muy difícil considerar la inversión»

Después de anunciar inversiones masivas en Estados Unidos y América del Sur, Stellantis vuelve a ser duro con Europa. Esta vez ya no se trata de un análisis superficial o de un mensaje diplomático: el director general del grupo, Antonio Filosa, advierte abiertamente que el viejo continente está quedando fuera del radar prioritario del gigante del automóvil. La razón: una política climática se considera confusa, costosa y, sobre todo, incapaz de restaurar el crecimiento.

En una entrevista concedida al serio Financial Times, el ejecutivo italoamericano no se anda con rodeos. A pesar de anunciar una flexibilización de la prohibición de los motores de combustión en 2035, Stellantis cree que Bruselas no ha proporcionado el marco necesario para reactivar la industria automovilística europea. Peor aún: sin crecimiento, en su opinión, realizar más inversiones resulta casi impracticable.

Se rompe una promesa condicional

Pero Antonio Filosa dejó entrever una situación positiva el pasado mes de noviembre. Si la Unión Europea realmente suaviza su trayectoria climática, Stellantis estaba dispuesta a multiplicar sus inversiones en el continente. Se suponía que el anuncio de Bruselas a mediados de diciembre sería un punto de inflexión. Pero al leer los pasos finales, el veredicto es claro. «Este paquete no funciona», afirma el director general. En su opinión, Europa no ha logrado presentar «una hoja de ruta clara para el crecimiento», condición previa para una importante inversión industrial a largo plazo.

El paso de cero emisiones a una reducción del 90% para 2035 se considera una señal política, pero en gran medida insuficiente desde una perspectiva industrial. Las numerosas condiciones asociadas, compensadas mediante combustibles sostenibles o acero con bajas emisiones de carbono, introducen una complejidad y un costo que Stellantis considera incompatible con los automóviles del mercado masivo.

«Sin crecimiento es muy difícil invertir».

El núcleo del mensaje de Filosa se puede resumir en una frase: sin crecimiento, resulta muy difícil considerar nuevas inversiones en Europa. Y sin inversiones adicionales, es imposible construir una cadena de suministro sólida capaz de proteger los empleos, la competitividad e incluso la soberanía industrial del continente. Esta lógica subyace a las decisiones recientes del grupo. En apenas unas semanas, Stellantis anunció más de 13.000 millones de dólares en Estados Unidos, seguidos de casi 6.000 millones de euros en Brasil. Éstas son dos áreas donde la demanda es dinámica, las reglas son claras y los retornos de la inversión son más predecibles. Por el contrario, Europa se ve cada vez más como un mercado bajo presión, y la transición energética avanza menos rápidamente de lo esperado.

Servicios públicos, costos y consumidores: el punto de ruptura

Antonio Filosa pone especial énfasis en un tema que a menudo se descuida en el debate público: los vehículos comerciales. En su opinión, las medidas europeas no proporcionan suficiente apoyo inmediato a su electrificación, aunque estos modelos son esenciales para la economía real. Otra crítica importante es el riesgo de una explosión de costos. Los procesos de compensación de carbono pueden estar fuera del alcance de los principales fabricantes, que equipan a la mayoría de los hogares europeos. A largo plazo, Stellantis teme un cambio que excluya a algunos consumidores por la falta de vehículos verdaderamente accesibles. Detrás del problema ambiental se esconde un desafío social e industrial mayor: preservar un mercado automotriz masivo, sin convertirlo en un producto de nicho reservado para los ricos.

Europa está fuera de sintonía con el resto del mundo

El contraste con el resto del mundo es sorprendente. En Estados Unidos, el cambio climático de la administración Trump ciertamente ha provocado la pérdida de vehículos eléctricos, pero también ha impulsado la inversión en híbridos y motores de combustión interna. Stellantis entendió esto y convirtió a América del Norte en un pilar estratégico. En Sudamérica, el grupo apuesta por el crecimiento, la flexibilidad tecnológica y las soluciones híbridas locales, como en Brasil. Una vez más, el enfoque es pragmático: invertir donde exista el mercado y donde las reglas del juego sean estables. En este contexto, Europa da la impresión de ser un continente ambivalente, dividido entre la ambición climática y la realidad industrial, incapaz de conciliarlas.

Si bien algunos fabricantes de automóviles, como Renault, acogieron con satisfacción la revisión europea, un número creciente de actores de la industria se hacen eco de las opiniones de Stellantis. Alemania, a través de su poderoso lobby automovilístico, habló incluso de medidas «desastrosas». El mensaje enviado por Antonio Filosa es, por tanto, claro: Europa no está condenada, pero juega contra el reloj. Sin una coordinación rápida, visibilidad de la industria y un apoyo real al crecimiento, el continente corre el riesgo de convertirse en un mercado secundario para los principales grupos del mundo.

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